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Mundo

Monja argentina en Ucrania: ambulancias, ayuda humanitaria y llamado a no olvidar

María Margarita Carrizo, una monja argentina oriunda de Tucumán, coordinó el envío de casi 200 ambulancias y equipos médicos a Ucrania en medio de la guerra.

POR REDACCIÓN

Hace 2 horas
La monja tucumana que ya llevó casi 200 ambulancias a Ucrania y que le demanda al mundo no olvidar la guerra. (Foto: Fundación Santa Clara)

Una monja tucumana se ha convertido en un símbolo del compromiso humanitario en medio de la guerra en Ucrania al coordinar personalmente el envío de casi 200 ambulancias y equipos médicos al país europeo desde que comenzó el conflicto. La religiosa, identificada como María Margarita Carrizo, se ha transformado en una figura clave para llevar ayuda y visibilizar las necesidades de la población afectada por los enfrentamientos.

Carrizo, nacida en la provincia de Tucumán, en el norte de Argentina, emprendió hace años una tarea que trasciende las fronteras: gestionar y organizar la logística necesaria para enviar vehículos de emergencia, insumos médicos y apoyo concreto a hospitales, ambulancias y personal sanitario ucraniano que trabaja en condiciones extremas. Su labor incluyó coordinar donaciones, contactos institucionales y voluntarios dispuestos a colaborar en terreno o desde el exterior.

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Además de su gestión logística, la monja argentina ha expresado en reiteradas ocasiones la importancia de no olvidar la guerra en Ucrania ni sus consecuencias humanitarias. En sus mensajes públicos y entrevistas, ha llamado la atención sobre el sufrimiento de los civiles, la destrucción de infraestructuras sanitarias y la necesidad urgente de apoyo internacional sostenido.

Desde su perspectiva religiosa y social, Carrizo enfatiza el deber ético de la comunidad global de mantener la memoria del conflicto, no solo como estadística de cifras o titulares de prensa, sino como una realidad que continúa afectando a millones de personas que requieren ayuda constante. Sus exhortaciones están orientadas tanto a gobiernos y organismos internacionales como a la sociedad civil, a fin de mantener viva la atención sobre la crisis y evitar su desvanecimiento mediático.

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La labor emprendida por la monja no solo incluye envíos de ambulancias, sino también apoyo directo a centros médicos, capacitación de personal de emergencia y vínculos con organizaciones no gubernamentales que operan en zonas de riesgo. Esta articulación entre instituciones de distintas partes del mundo permitió que la ayuda fuera llegando con relativa celeridad a lugares necesitados.

Carrizo ha señalado que su compromiso nace de una convicción solidaria profunda y de la creencia de que la guerra no puede ser ignorada por quienes tienen capacidad de actuar. Sus experiencias y testimonios se han convertido en un llamado a la empatía, a sostener el reclamo por paz y a sostener esfuerzos humanitarios más allá de la atención mediática momentánea.

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La difusión de su trabajo y sus palabras ha generado repercusión en distintos ámbitos, inspirando a voluntarios y organizaciones a replicar iniciativas de ayuda y manteniendo el foco sobre la crisis en curso en Ucrania, un conflicto que continúa dejando un saldo devastador de víctimas y poblaciones desplazadas.

 

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