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El club San Agustín de Chimbas entrena en plazas y baldíos y sueña con su cancha
Con personería jurídica y más de 250 deportistas, el equipo chimbero tiene la necesidad de un predio para contener a todos sus jugadores.
Por Maximiliano Maldonado Hace 8 horas
En el corazón profundo de Chimbas, allí donde el asfalto a veces cede ante la tierra y las piedras, el fútbol no es solo un deporte, es un escudo. El Deportivo San Agustín es el ejemplo vivo de esa resistencia. Sin embargo, tras dos décadas de rodar la pelota, la institución atraviesa una crisis de espacio que pone en jaque su futuro: no tienen un solo metro cuadrado de tierra propia y sus 250 jugadores deben entrenar en baldíos, plazas y rincones del departamento.
Rubén Castillo, presidente y fundador del club, dialogó con DIARIO HUARPE y abrió su corazón para relatar una historia marcada por el sacrificio extremo y la desidia burocrática. "El Deportivo nace en 2004 como escuela de fútbol por una necesidad social. Veíamos que los chicos crecían y, al no tener dónde seguir jugando, terminaban en la calle, en la droga o en malos pasos. El club surgió para decirles que había otro camino", recuerda Rubén con la voz cargada de experiencia.
Una vida entre expedientes y promesas rotas
A pesar de tener la personería jurídica en regla desde 2014 y participar activamente en ligas federadas, el equipo chimbero nunca pudo echar raíces. El periplo del club es un mapa de la frustración. Durante años alquilaron el Camping de la Mutual del Personal del Poder Judicial, pero hace un tiempo les cerraron las puertas. "Nos sacaron con las mochilas y las bicicletas. Tuvimos que caminar por entre las piedras buscando un lugar donde tirar los conos", relata el dirigente.
Desde entonces, el club se convirtió en un "equipo nómade". La Primera y la Cuarta entrenan en la zona de la Costanera o en la plaza del Barrio Cipolletti; los más chicos lo hacen en terrenos baldíos cercanos a la calle 25 de Mayo, donde antes funcionaba una calera. "Hemos presentado expedientes en el IPV, en el Municipio de Chimbas, en la Provincia. Todos nos prometen, pero cuando cambian los gobiernos, los expedientes vuelven a foja cero. Nos dicen que el terreno no tiene nomenclatura o que ya está asignado para un barrio público", lamentó Castillo.
Entrenar bajo la sombra del peligro
La falta de una cancha propia no es solo una incomodidad logística; es un riesgo constante para la integridad de los chicos. Castillo describe escenas que hielan la sangre: "Estamos en una zona difícil. A veces los profes están entrenando y, de repente, aparece la policía por un lado o se escuchan tiros por el otro. Tenemos a los chicos ahí, cuerpo a tierra o tratando de seguir la práctica mientras la realidad nos golpea. Por eso necesitamos el predio, para que el club sea un refugio real, con paredes, con un portón, con seguridad".
Actualmente, el club contiene a unos 250 deportistas divididos en Escuela de Fútbol, Inferiores, Cuarta, Primera, Femenino y Mami Hockey. Todos ellos, junto a una comisión de 15 personas, sostienen la actividad "corazón a corazón". "Ninguno es profesional, nadie cobra un peso. Vendemos empanadas para juntar $5.000 y pagar los seguros de la Liga. Los padres hacen un esfuerzo enorme, son familias humildes que prefieren pagar una modesta cuota de ayuda antes de que el pibe esté en la esquina", explica el presidente.
El último deseo de un luchador
A sus 66 años, y ya jubilado, Rubén Castillo no busca gloria personal. Su único objetivo es dejar una herencia social para Chimbas. "Hablé con autoridades y le pedí que nos den algo en la zona de la Costanera o en las piedras. Nosotros no queremos que nos regalen la construcción; queremos el terreno pelado, que nosotros con el tiempo lo vamos a rellenar, a cerrar y a levantar. Quiero dejarle algo a los que vienen, porque los límites se los pone uno, pero sin un lugar físico, la lucha es muy dificil".
El Deportivo San Agustín sigue esperando. Entre los baldíos y la tierra de las plazas, 250 ilusiones corren detrás de una pelota, soñando con el día en que, por fin, puedan decir que juegan en casa.